Cambiar de tren

Llega un día en la vida en el que has de decidir cuál es el tren que quieres coger y, una vez has subido, no puedes pensar qué pasaría si hubieras cogido otro.  Se debe de disfrutar al máximo y aprovechar todo lo que nos ofrece su interior.  No podemos saber qué es lo hay dentro de otros trenes, aunque nos despertemos por la noche soñando que puede que sean mejores.  En realidad la perfección sólo existe en nuestro interior, en lo que creemos nosotros que es perfecto.  Cada camino nos llevará a un lugar diferente, pero serán nuestros pasos los que nos harán encontrar más o menos chispas de felicidad en cualquiera de los caminos que escojamos.  Kilian Jornet, Correr o morir.

A este trocito de maravilla dentro de un fantástico libro tan solo añadiría un punto: siempre podemos cambiar de tren, siempre, a cualquier edad.   A veces lo que está dentro de nuestro tren se desgasta o ya no nos parece que sea el camino adecuado que debemos seguir porque nos emociona justo el sentido contrario, o algo tan simple como que ya hemos aprendido todo lo que nos ofrece ese medio .

Lo que yo creo que es que continuamente estamos tomando decisiones, algunas de ellas con una edad temprana, otras más pensadas y muchas por obligación.  Y no sé si será por la edad, por la curiosidad o por algún angelito que se cruza en nuestro camino con una linternita en la mano para enseñarnos que puede, y sólo puede, haya otro camino que aúne todo el conocimiento que tenemos y todo el que nos falta por tener.  Pero a menudo nos paramos a pensar…¿y si cambio?

Francamente es sencillo, tan solo tenemos que recoger la maleta con la cual subimos al primer tren, en la que hemos recogido toda la experiencia acumulada y bajarnos en la próxima estación, donde un nuevo tren nos haga vibrar de forma tal que sea imposible borrar “esa” sonrisa de nuestra cara.

El mundo cambia, las personas cambian, el universo cambia, los trabajos cambian…¿por qué no habría de hacerlo nuestros proyectos?  Pensadlo bien, tal y como dijo Einstein, las crisis son necesarias…hacen que nos espabilemos en perseguir nuestros sueños y cambiemos realmente las cosas para mejor.  Y eso, sin lugar a dudas, nos hará felices y si lo somos, el éxito y la abundancia vendrá por sí sola.

Así que desde aquí y desde mi mundo en constante cambio, me gustaría hacer dos cosas: la primera de ellas agradecer inmensamente al Universo por la plenitud de mi vida; por contar con amigos tan fuera de lo común que llenan de amor y alegría todos los minutos del día; por tener la fortuna de poder cambiar de tren en innumerables ocasiones y no dejar de asombrarme de lo que veo en ellos; por tener la ocasión de que en esos trenes pueda participar de forma que mi experiencia y conocimiento  ayuda a otros pasajeros.  La segunda por tener la inmensa fortuna de haber elegido correctamente “el gran tren de mi vida” en el que encontré mi mayor apoyo, alguien a quien cada vez que miro hace que mil mariposas revoloteen en mi interior, aunque pueda volverle loco en ocasiones con tanto cambio de andén.

Dice Kilian en otro fragmento de su libro que a los 18 años tomas la decisión de cómo será tu vida: escoger carrera, escoger trabajo, un coche…

La decisión de si es esa clase de vida, una en la que todo está perfectamente estipulado y medido desde que te levantas hasta que te acuestas, tan solo es nuestra.  Yo, como él, escogí una vida muy diferente.

Recordad, podéis cambiar de tren cuando queráis, la cuestión es que os sintáis extremadamente vivos…y plenos.

Diana Llapart

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Dice una canción..

Dice una canción de uno de mis cantautores favoritos: “Tu abrazo es el aire que hace que se infle el alma, pero mi cuerpo es pequeño y no cabe tanta…”

Que importante se vuelve conocernos para poder afrontar con éxito esos momentos en que se infla el alma.

Cuando algo, como un abrazo, consigue hacernos tan grandes que superamos los límites impuestos con anterioridad necesitamos conocernos para poder manejar eso tan grande que nos regalan.

¿Y cómo conseguimos eso?

Pues creo que básicamente, escuchándonos a nosotros. Nosotros somos quiénes afrontaremos esos momentos, quiénes tenemos que tomar el control.

No es una tarea fácil, ya que requiere aceptar esa parte de nosotros que escondemos, olvidamos, no hacemos caso,…, en pocas palabras, que boicoteamos por mil y una razones.

Todos queremos que se nos “infle el alma”, pero ¿estamos dispuestos a no sacar una pequeña aguja  y clavarla como si de un pequeño globo se tratara?

Dejemos que ese aire llegue a nosotros y nos permita crecer y avanzar. Seguro que así nuestro libro (como dice la siguiente leyenda) lucirá siempre precioso en la estantería;  junto al resto de volúmenes que como nosotros eligieron respirar el aire que infla el alma.

Un abrazo ;-)

Olga Perona

El libro de las almas

Existe la creencia de que San Bartolomé, patrono de los encuadernadores, ofrece a cada alma, poco antes de nacer, dos libros.

El primero está protegido por unas cubiertas de cuero marroquí, con filigranas de oro y papel de Holanda; el otro se presenta en piel de cabra, sin siquiera curtir, tampoco un solo grabado. Tras haber elegido uno, el alma se encarna en el mundo de los vivos, donde al fin podrá abrirlo.

Quienes eligieron el tomo de hermoso aspecto, descubrirán que ya existe un texto en su interior, una novela donde se revelan todos los pasos que se darán en esta vida, un inventario de acciones que deberá de seguirse al pie de la letra hasta el fin de nuestros días. Cuando la muerte venga a visitarnos, la encuadernación del libro estará deteriorada de tanto uso, las páginas se habrán soltado y las letras apenas serán visibles.

Quienes optaron por el segundo volumen, encontrarán un sinfín de páginas en blanco que deberán de ir rellenando con las decisiones que tomen libremente, eligiendo en cada momento hacia donde encaminar sus existencias, haciéndose desde el primer instante dueños de sus propias vidas. A medida que las páginas vayan siendo escritas, el libro irá adquiriendo, casi por arte de magia, un aspecto más lustroso, las cubiertas parecerán haber sido encuadernadas en los mejores talleres del mundo y las filigranas despertarán la admiración de los grandes grabadores de la historia. Al final, cuando el cuerpo suelte su último aliento, el tomo será tan hermoso y contendrá tales proezas que pasará a formar parte de la gran Biblioteca del Conocimiento Humano.

Escrito por Joost Scharrenberg

Fuente: Leyenda sacada del prólogo del libro “La encuadernadora de libros prohibidos” de Belinda Starling

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Darlo todo por hecho

Me hace gracia esto de la crisis.  Todo el mundo habla de ella, se queja de ella, recuerda tiempos mejores en los que sí estaba ella –pero escondida, y así como no la veíamos pues no le hacíamos ni puñetero caso-, se habla de cómo otros pueden enfrentarse a ella, cómo los políticos tienen que enfrentarse a ella y un sinfín de situaciones más en las que siempre acaban incorporando la palabra  ella (crisis para aquellos que no han caído a qué hace referencia el pronombre).

Y me hace una gracia extraordinaria porque todos vemos lo que hay, pero muy poquitos están dispuestos a modificar algo de su comportamiento para que la sociedad en global funcione.

Y hasta que esta visión, la de que para que todos ganemos hemos de partir de la base de nosotros mismos DEBEMOS cambiar nuestra forma de actuar con el otro, teniéndole en cuenta, sentir que forma parte de nosotros y que lo que a él le afecta tarde o temprano nos afectará a nosotros, vamos mal…yo diría que vamos hacia el colapso total.

La historia de la humanidad se divide de la siguiente manera:

  • Edad Antigua (hasta el siglo V aprox.) El hombre evoluciona hasta convertirse en un ser racional (en la mayoría de los casos) Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma…Ni os cuento todo lo que fuimos capaces de inventar!
  • Edad Media (hasta el XV aprox.) para bien o para mal inventamos la religión de modo teocentrista (me imagino que para echarle la culpa a un solo dios -es que si no diversificamos esfuerzos y eso nos cuesta…-), la imprenta, la brújula, la cámara oscura (precursora de la cámara fotográfica), las gafas, armas de fuego, el tornillo y supongo que alguna cosilla más dentro del mundillo del arte y la arquitectónica (y lo digo con mucho humor porque la arquitectura románica me apasiona…)
  • Edad Moderna (hasta el XVIII aprox.) Inventamos los estados modernos y fuimos sublimes en cuanto a Arte, escritura y arquitectura (desgraciadamente el tema religioso se complica bastante más), se inventa el microscopio, el piano, la lente de precisión, el submarino, el automóvil, el telar, la turbina de gas y una barbaridad de cosas más.
  • Edad Contemporánea (hasta el  XX aprox.) Inventamos la anestesia, el elástico, la conservación de alimentos, máquina de coser, lentes de contacto, lavadora, tostadora, la bombilla, la hoja de afeitar, los fideos, el soldador, el spray, microondas, el radar, bomba de fisión atómica, la tele y otra barbaridad de cosas más que todos conocemos.
  • Edad de la Comodidad (de finales del XX hasta la actualidad) Inventamos el sofá que se acopla a nuestro cuerpo como un guante para tener que movernos lo menos posible y tomar las mínimas decisiones.  Inventamos la queja como modo de eludir nuestra responsabilidad en cualquier tipo de conflicto o problema.  Inventamos el “adaptate tú a mis necesidades y no me toques los windis ni me expliques tu vida que hoy no me quiero mover”, este último invento viene con un anexo de serie el “y si sale mal la culpa siempre será tuya”.

Vaya evolución ¿eh?

En la edad de la comodidad donde nos encontramos hay un claro patrón, el de la política del no-esfuerzo.  Estamos tan absolutamente habituados a tenerlo todo fácil y a que otros hagan las cosas por nosotros, que lo que antes era una acción de amor de ofrecer una posibilidad, se ha convertido en obligación y exigencia de quien lo recibe.

Exigimos de otros que cambien sus horarios para que cuadren dentro de nuestra comodidad, que cambien su forma de vida para que la nuestra sea más cómoda, ¡qué más da si ellos tienen familia, o vida, o cosas que hacer! Mientras escuchen lo malísimamente mal que estoy (sin darme ideas para poder sentirme bien, !que eso me enfada!) y me lo pongan fácil para poder hacer el mínimo esfuerzo, a mí plim.

¿Alguna vez os habéis parado en observar todo lo que tenéis a vuestro alrededor? Y no estoy hablando de amor, amistad y todo ese rollo de amor incondicional que ahora está tan de moda blandir y tan etéreo de confirmar de forma real por otro lado.  Estoy hablando, por ejemplo, de la música que os relaja cuando estáis en un restaurante; ¿os dais cuenta que alguien la ha compuesto para que vosotros la escuchéis?  La respuesta es no.  En lugar de eso, atacamos con gula el filete que humea en nuestro plato mientras lo acompañamos de dos sonoros sorbos de vino, añadiendo quejas que se van elevando para hacerse audibles entre todas las demás dentro del local.

Hay mil cosas que enriquecen nuestras vidas, millones, pero estamos tan acostumbrados a ellas que apenas las percibimos.

Creo que para salir de todo esto en lo que estamos metidos, debemos empezar a reconocer todas esas cosas que alguien ha hecho por nosotros, valorarlas, disfrutarlas y agradecerlas.

Y después hacer cosas pensando en que los demás las valorarán, disfrutarán y agradecerán (muy lejos del “yoísmo” actual). Este es el camino real para ser empático con todo lo que nos rodea y comenzar a trabajar en grupo, trabajar los intereses grupales que, al fin y al cabo, son los nuestros.  Si tú ganas yo gano (por este orden), no tendremos salida si no.

Espero y deseo con toda mi alma que en esta Era de la Comodidad podamos también incluir el invento de la Política del esfuerzo y el trabajo en equipo.

Diana Llapart
Asociación Mediterránea de Terapias Holísticas (AMTH)
www.amth.es

Cuenta la historia que cierto maestro zen tenía la costumbre de dejarles unos cuentos a sus alumnos, con el objetivo que ejercitaran su mente.

Un día, uno de sus alumnos le preguntó:
—Maestro, ¿por qué siempre nos cuentas un cuento?
—Bueno, los cuentos son para que ejerciten un poco su mente, y de paso aprendan ciertas cosas.
—Pero, no siempre entendemos todos los cuentos. ¿No sería mejor que simplemente nos dijera lo que nos quiere decir?
—No.
—¿Por qué no?
—Hay cosas que hay que vivir por uno mismo para entender.
—Ya veo. Pero sigo sin entender.
—No te lo puedo explicar. Debes entenderlo solo.

El discípulo se quedó pensando. El maestro se levantó de su silla y se acercó a la mesa donde habían varias frutas. Tomó una manzana y la empezó a mirar.
—¿Te gustan las manzanas?

El discípulo se sorprendió por la pregunta. Todavía estaba intentando entender las palabras del maestro. Un poco desconcertado, contestó que sí le gustaban.

—A mí también me gustan. Comeré una ahora. ¿Quieres una tú también?
—Sí.
—Muy bien. ¿Quieres que la pele por ti?
—Sí, por favor.
—¿Quieres que la corte por ti?
—Bueno… Sí, por favor.
—Perfecto. ¿Quieres también que la coma por ti?

Cuento Zen

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Pequeñísima capa

Hace unos días me hicieron esta pregunta: ¿cúales creeis que son los tres principales problemas del mundo?

Seguro que os vienen a la cabeza muchas respuestas, pero al reflexionar dos minutos yo resumí todo a un único problema. Puede que esté equivocada, o tal vez sea ingenua, o a lo mejor tengo un poquito de razón; pero creo que el principal problema del mundo es el dinero.

El dinero es generador de conflictos ya que es sinónimo de poder. Y ya sabemos como afecta el poder al ego…

El mundo gira en torno a un billete mientras se proclaman frases como: “el dinero no da la felicidad”. ¿Hay mayor incoherencia que ésta?

Evidentemente, yo soy realista y como todos tengo que vivir en esta sociedad del dinero (que han creado unos pocos), pero ahora que ante nuestros ojos se desmoronan sistemas creados que parecían resistirlo todo, ¿qué vamos a hacer?

Tal vez reflexionar un poco y si os apetece dejar vuestra opinión, así al menos me ayudareis a saber si estoy equivocadísima, soy una ingenua o tengo algo de  razón.

Disfrutar del cuento.

Un beso

Olga Perona

-Maestro, ¿qué piensa del dinero? – preguntó el discípulo.

- Mira a la ventana, – le dijo el maestro -, ¿qué ves?

– Veo una mujer con un niño, una carroza tirada por dos caballos
… y una persona que va al mercado

- Bien. Ahora mira al espejo. ¿Qué ves?

- ¿Qué quiere que vea? Me veo a mí mismo, naturalmente.

- Ahora piensa: la ventana está hecha de vidrio, lo mismo que el espejo. Basta una pequeñísima capa de plata por detrás del vidrio para que el hombre sólo se vea a sí mismo.

Cuento de Bruno Ferrero

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La complicación de la sencillez

En los cursos de reiki que imparto hay una frase que es recurrente: todo es mucho más fácil de lo que parece.  Los alumnos de primer nivel me contestan “¡es que para ti todo es fácil!” a lo que yo les replico “¡es que lo es!, lo verdaderamente complicado es ver lo sencillo que es todo”.

A medida que van avanzando en los niveles de reiki, me dan la razón y palabras como “fácil” o “fluye” comienzan a adquirir mucho más peso en su vocabulario.

Tenemos la absurda costumbre de complicarlo todo metiendo problemas comunes y no comunes en la misma bolsa, le añadimos un poquito de conflictos ajenos y una pizca de negatividad, agitamos…y ¡zas! la receta mágica de un problemón que puede acabar desde amargarnos el día o en una depresión.

Si en su lugar fuéramos capaces de abrir ese mismo saco, analizar y clasificar cada cosa con su origen y resolver los pequeños conflictos uno a uno, llegaríamos a la conclusión a la que, después de un tiempo, llegan mis alumnos: todo es mucho más fácil de lo que parece, porque los problemas uno a uno, son pequeños problemas y muy solucionables.

Pero nos encanta complicarnos la vida, actuar como autómatas y no pensar, trabajar más para tener cosas que jamás disfrutaremos por una simple cuestión de tiempo.  Discutir más para tener una razón que nos dejará solos en un monólogo interminable en lugar de ver que, quizás, la versión del otro también es válida y que sólo hay que cambiar nuestro punto de mira…o como dice un buen amigo “bajar un nivel”.

Esta historia del Pescador describe genialmente el absurdo bucle de la complicación  a la que nuestro día a día nos tiene acostumbrados.  Espero que os haga pensar un poquito y que lleguéis a la conclusión, como yo, que todo es mucho más fácil.

Menos es más y aunque Ludwig Mies van der Rohe creó esta famosa cita sobre el minimalismo refiriéndose a la decoración, creo que es perfectamente aplicable a este caso.

Disfrutadlo, un abrazo.

Diana Llapart

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En cierta ocasión iba un ejecutivo paseando por una bonita playa vestido con sus bermudas (de marca), sus gafas de sol (también con marca muy visible), su polo (con mucha marca), su gorra (con marca destacada), su reloj (de marca y carísimo), su calzado deportivo (donde todo era marca), su móvil colgado de la cintura (el móvil con marca y la bolsa en la que colgaba, también) y su gomina en el pelo ( sin marca, pero tan abundante que uno podía adivinarla).

Eran las dos del mediodía cuando se encontró con un pescador que felizmente recogía sus redes llenas de pescado y amarraba su pequeña barca. El ejecutivo se le acercó…
– ¡Ejem! Perdone, pero le he visto llegar con el barco y descargar el pescado… ¿No es muy temprano para volver de faenar?
El pescador le miró de reojo y, sonriendo mientras recogía sus redes, le dijo:
– ¿Temprano? ¿Por qué lo dices? De hecho yo ya he terminado mi jornada de trabajo y he pescado lo que necesito.
– ¿Ya ha terminado hoy de trabajar? ¿A las dos de la tarde? ¿Cómo es eso posible? – dijo incrédulo, el ejecutivo.
El pescador, sorprendido por la pregunta, le respondió:
-Mire, yo me levanto por la mañana a eso de las nueve, desayuno con mi mujer y mis hijos, luego les acompaño al colegio, y a eso de las diez me subo a mi barca, salgo a pescar, faeno durante cuatro horas y a las dos estoy de vuelta. Con lo que obtengo en esas cuatro horas tengo suficiente para que vivamos mi familia y yo, sin holguras, pero felizmente. Luego voy a casa, como tranquilamente, hago la siesta, voy a recoger a los niños al colegio con mi mujer, paseamos y conversamos con los amigos, volvemos a casa, cenamos y nos metemos en la cama, felices.
El ejecutivo intervino llevado por una irrefrenable necesidad de hacer de consultor del pescador:
– Verá, si me lo permite, le diré que está usted cometiendo una grave error en la gestión de su negocio y que el “coste de oportunidad” que está pagando es, sin duda, excesivamente alto; está usted renunciando a un pay-back impresionante. ¡Su BAIT podría ser mucho mayor! Y su “umbral de máxima competencia” seguro que está muy lejos de ser alcanzado.
El pescador se lo miraba con cara de circunstancias, mostrando una sonrisa socarrona y sin entender exactamente adónde quería llegar aquel hombre de treinta y pico años ni por qué de repente utilizaba palabras que no había oído en su vida. Y el ejecutivo siguió:
– Podría sacar muchísimo más rendimiento de su barco si trabajara más horas, por ejemplo, de ocho de la mañana a diez de la noche.
El pescador entonces se encogió de hombros y le dijo:
– Y eso, ¿para qué?
– ¡¿Cómo que para qué?! ¡Obtendría por lo menos el triple de pescado! ¡¿O es que no ha oído hablar de las economías de escala, del rendimiento marginal creciente, de las curvas de productividad ascendentes?! En fin, quiero decir que con los ingresos obtenidos por tal cantidad de pescado, pronto, en menos de un año, podría comprar otro barco mucho más grande y contratar un patrón…
El pescador volvió a intervenir:
– ¿Otro barco? ¿Y para qué quiero otro barco y además un patrón?
– ¿Que para qué lo quiere? ¡¿No lo ve?! ¿No se da cuenta de que con la suma de los dos barcos y doce horas de pesca por barco podría comprar otros dos barcos más en un plazo de tiempo relativamente corto? ¡Quizá dentro de dos años ya tendría cuatro barcos, mucho más pescado cada día y mucho más dinero obtenido en las ventas de su pesca diaria!
Y el pescador volvió a preguntar:
– Pero todo eso, ¿para qué?
– ¡Hombre! ¡¿Pero está ciego o qué?! Porque entonces, en el plazo de unos veinte años y reinvirtiendo todo lo obtenido, tendría una flota de unos ochenta barcos, repito, ¡ochenta barcos! ¡Qué además serían diez veces más grandes que la barcucha que tiene actualmente!
Y de nuevo, riendo a carcajadas, el pescador volvió:
– ¿Y para qué quiero yo todo eso?
Y el ejecutivo, desconcertado por la pregunta y gesticulando exageradamente, le dijo:
– ¡Cómo se nota que usted no tiene visión empresarial ni estratégica ni nada de nada! ¿No se da cuenta de que con todos esos barcos tendría suficiente patrimonio y tranquilidad económica como para levantarse tranquilamente por la mañana a eso de las nueve, desayunar con su mujer e hijos, llevarlos al colegio, salir a pescar por placer a eso de las diez y sólo durante cuatro horas, volver a comer a casa, hacer la siesta,…?
El pescador respondió:
– ¿Y eso no es todo lo que tengo ahora?

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Mi sistema operativo…

Debo de estar volviéndome obsoleta, porque mi sistema operativo comienza a fallar.  Los registros que me instauraron de serie que venían definidos por unos valores estándar ya no funcionan como debieran dando como resultado una pasividad de todo lo que hasta ahora, el mundo había juzgado importante.

Así mismo mi contador del tiempo debe de haberse recalentado por la actividad ya que mi percepción del mismo es a cámara lenta.  Le sonrío al tiempo y éste me devuelve la sonrisa mostrándome todo lo que hasta este momento me había perdido, enseñándome la luminosidad de la luz, el sentimiento por aquellos que siento cerca y la magia de una buena conversación sobre nada en especial, tan solo el placer de compartirla con quien realmente quiero.

Necesito un cambio de IOS a una versión superior, ya que soy consciente de que deja de preocuparme qué hacer, si no se hace bien o qué decir, si no es coherente, y soy cada vez  más consciente de mi pequeña participación en el cómo de las cosas más que en el qué de la fama.

Todo ello ha dejado ya de preocuparme a unos niveles realmente estremecedores ya que mi mirada se vuelve mucho más a observar a quien tengo el privilegio de tener a mi lado, cerquita, que a cualquier famoso conocido, labor o batalla con cuantiosos beneficios económicos o sociales.

Debo necesitar también un antivirus que ponga mi conciencia sobre “el tener” en orden, porque que he llegado a la conclusión que lo único que necesito es sentir alegría, amor, paz, acción bien llevada y armonía con todas las personas que son dichosas conmigo y desean hacer algo realmente espectacular con este mundo: avanzar con pasión y sin queja.

Me preocupa ser víctima de algún troyano que haya modificado el chip del consumismo global dentro de mi sistema operativo, porque soy mucho más feliz con cosas sencillas que no se rigen por un cómputo macro o micro económico como se dice en las noticias de la “tele”.

Es raro, pero a pesar de todas las carencias en mi sistema operativo, a pesar de todos los posibles problemas que pueda encontrar en mi camino, a pesar de mi ignorancia en el nombre de las celebridades del momento o de libre pensadores de moda que no conozco y cuyos nombres todos intentan recordar, me siento bien conmigo misma… en paz y bien.

Buda dijo una vez que el camino de la iluminación comienza cuando eres realmente consciente de que tienes problemas…pero que eso no te importa demasiado.

No sé si estaré en el camino de la iluminación o si necesito un cambio en los chips de mis circuitos, pero de momento creo que voy a disfrutar un poquito más de este obsoleto sistema de arranque…

Diana Llapart

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Un “tonto listo”

Una vez leí en algún lugar…“Dios nos libre de un tonto que se crea listo” 

El problema de esta frase no es que la persona sea tonta en sí, ya que si tan solo fuera ese el tema tendría fácil solución.  Todos nacemos tontos y nos desarrollamos tontos, la diferencia es que somos conscientes de ello y hacemos algo al respecto: aprender.

Un tonto-listo o un listo-tonto, no hace este proceso simplemente porque cree que ya sabe suficiente, así que no se para a escuchar y jamás se detiene en ese punto maravilloso en el que uno se da cuenta que no tiene la razón, el punto de arranque del nuevo aprendizaje: desaprender para aprender de nuevo con coherencia y perspectiva.

La mente de este tipo de personas está tan llena (o tan vacía) de unas ideas innamovibles como el cuento zen de la taza de té, con el problema adicional que tan solo existe una verdad, la suya.

Hay una teoría  en el mundo de las energías y en el de reiki en particular que habla sobre el sentido en el que giran nuestros chakras, si lo hacen de la manera correcta, desde el mundo hacia nosotros, la energía e información recibida nos aporta una visión completa de la realidad y de lo que esta pasando a nuestro alrededor.  Nos enriquece de sabiduría, aprendizaje, tolerancia y humanidad; es entonces cuando se dice que el mundo y el universo está en nosotros. Todos somos uno.

Sin embargo si el chakra gira en sentido contrario, desde nuestro cuerpo hacia el mundo, estamos imponiendo nuestra propia verdad, no la realidad y en este punto el aprendizaje es nulo; es entonces cuando se dice que nosotros somos el mundo. Yo soy.

Y desde luego creer que el mundo se mueve a nuestro son, con nuestra única verdad es propio de un tonto que se cree muy listo.

No se me ha ocurrido una historia mejor que la que viene a continuación, aunque corta, profundamente instructiva.

Un abrazo enorme a todos,

Diana Llapart

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Después de haber saqueado una ciudad, un hombre estaba tratando de vender una valiosa alfombra que era parte del botín:

“¿Quién me da cien piezas de oro por esta alfombra?”, gritaba el hombre por las calles del pueblo.

Habiendo realizado la venta, se le aproximó al vendedor un compinche del saqueo y le preguntó:

“¿Porqué no pediste más por esa alfombra de incalculable valor?”

El individuo le respondió:

“¿Pero es que existe un número mayor que cien?”

 

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Decidí…

Buda dice “no hay camino hacia la felicidad, la felicidad es el camino”.  Y es esa decisión la que debe estar en cada uno de nosotros, porque únicamente nosotros tenemos el poder de cambiar el rumbo de nuestros pensamientos y por tanto de nuestra actitud y acciones.

“Somos lo que pensamos”.  Esta es otra buena afirmación, sobre todo desde que se ha descubierto que literalmente nuestros pensamientos traspasan la fina capa del córtex cerebral donde el cerebro delimita lo que es fantasía a lo que es real, dándole una respuesta física.  De ahí toda la sintomatología del cuerpo provocada por “enfermedades emocionales”.

Walt Disney explica a continuación de manera fantástica este hecho, el tomar la decisión de ser feliz, de que no se me arruine el día a pesar de los imprevistos u opiniones de otros, de tomar mis propias decisiones y responsabilizarme de ellas, de hacer las cosas bien porque no hay otra manera de hacerlas, el ser solidario en la sombra y sentirse plenamente satisfecho por ello y otras mil pequeñas cosas que nos hacen sentir bien día a día porque tomamos la felicidad como senda.

Espero que este texto os conmueva tanto como a mí. Un abrazo,

Diana Llapart

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“Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro… ¡decidí triunfar!

Decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas; decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución; decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis; decidí ver cada noche como un misterio a resolver; decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas está la única y mejor forma de superarnos; aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar.

Descubrí que no era yo el mejor y que quizá nunca lo fui, me dejó de importar quién ganara o perdiera…. ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.

Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien “Amigo”.

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento… el amor es una filosofía de vida.

Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas… aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad…

Desde aquel día ya no duermo para descansar… ahora simplemente duermo para soñar.

Walt Disney

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El secreto de la felicidad: la sinceridad

A menudo digo a mis amigos y alumnos que uno de los grandes problemas hoy en día es que no sabemos lo que queremos, se nos ha olvidado soñar y hemos perdido la ilusión por conseguir nuestros deseos de cuando éramos niños.  Podemos decir que hay mil factores que influyen, pero lo que es bien cierto es que es mucho más cómodo no pensar en qué queremos y echarle la culpa a las circunstancias o a cualquier desaprensivo que haya tenido la mala fortuna de cruzarse en nuestro camino.

Profundizando un poquito más consigo (entre otras cosas por mi cabezonería, no creáis que es por otra virtud…) hacer pensar a la gente y que lleguen a la conclusión de que lo que realmente quieren es ser feliz.  Evidentemente es una idea muy general que engloba todos los aspectos de la vida, pero me vale, es un gran principio…y un gran reto.

Y como el tema de los retos me van (una vez más mi cabezonería) me planteo a menudo no sólo el camino que debemos escoger para llegar a esa felicidad, si no el camino que no debemos tomar bajo ningún concepto.  Entonces es cuando llego a la siguiente conclusión: la única forma de ser plenamente felices es ser sinceros con nosotros mismos.

Esperad, esperad…voy a repetirlo porque esto es muy grande:

La única forma de ser plenamente felices es ser SINCEROS CON NOSOTROS MISMOS.

Qué…¿da que pensar, verdad?

Hasta aquí bien, tenemos el problema, pero…¿cómo hago para solucionarlo? Es simple: tomando la responsabilidad de nuestras decisiones.

Hace algún tiempo me topé con un gran principio que cambió de forma absoluta mi forma de pensar, se trata del principio 90/10.  Este principio explica que el 10% de lo que ocurre a nuestro alrededor es incontrolable (que se vaya la luz, que llueva, que alguien me tire un café en mi camisa recién estrenada…) en contrapartida, sí podemos controlar cómo reaccionamos nosotros a ese 10%.  Esa reacción (en el caso de que hagamos exactamente eso, reaccionar sin pensar) o respuesta (en el caso que actuemos con control de la situación) representa el 90% restante y determinará cómo será el resto de nuestro día, bueno o malo.

Si algo enseña este principio de forma contundente, es que los únicos responsables de aquello que nos pasa somos nosotros mismos, nadie más.  Aquello de que mi vecino me ha hecho enfadar es tan falso como que la tierra es cuadrada; soy yo quien permito que otro me haga enfadar.  Tan solo es cuestión de asumir esa responsabilidad.

Y una vez asumido lo anterior, llegamos al segundo punto para tener éxito en la sinceridad con nosotros mismos: tomar la responsabilidad de nuestras propias decisiones, algo que difícilmente hacemos.

Si yo tomo la decisión de hacer algo que tan solo me beneficie a mí en detrimento de los que me rodean, aunque sea todo un colectivo, tengo que ser responsable de las consecuencias que me reportará eso y no echarle la culpa a todo el resto por no seguirme el juego.

Pero lo cierto es que normalmente no actuamos así.  Si alguien osa a llevarnos la contraria porque no está de acuerdo con lo que pensamos o hacemos, guardamos una flecha envenenada para poder lanzarla en el momento más adecuado como crítica destructiva.  Eso sí, después daremos un discurso magnífico para convencer a todos y sobre todo a nosotros mismos, que nuestra acción (que no se sostiene por ningún lado) es la correcta.

¿Pero sabéis qué? Puedo ser el mejor político convenciendo a diestro y siniestro a todos los que me rodean que mi verdad es la real, pero siempre habrá una persona a la que jamás podré engañar por mucho que quiera acallar su voz: a mí mismo.

El meterse en la cama al final del día y que esa vocecita dentro nuestro nos diga hoy lo has hecho bien, es el regalo diario de la sinceridad con uno mismo, la paz interior y la certeza que caminamos por la senda de la felicidad.

Y a todos los que habéis llegado hasta aquí leyendo, os pido hacer una reflexión de este último párrafo, releedlo y ser realmente sinceros de si cuando estáis en calma y revisáis todo lo que habéis hecho durante el día, podéis decir sin ningún atisbo de duda, hoy lo he hecho bien.

A todos los que sí, mis felicitaciones más sinceras, con personas como vosotros es como se cambia el mundo.

Diana Llapart

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Fuerza, el poder interior

- Disculpe, creo que es la persona que debería hablar de ella- dijo aquel señor.

- ¿Yo?, lo siento pero no puedo, ahora no puedo. Yo ya le dije a ella lo que le quería decir- contesté yo.

- De acuerdo, entonces digame, ¿que palabra la definiría?

-Sin duda era una persona muy fuerte- dije yo, sin dudar un instante.

Admiramos a las personas por una o varias cualidades, por ser fuerte, por su seguridad, por su positivismo, por hablar muy bien, por ser generoso,….., que cada uno analice a quién admira y porqué.

Y una vez hecho esto descubramos qué cualidades tenemos nosotros ya que a veces estamos tan pendientes del exterior que olvidamos nuestro interior.

El día que pronuncié las palabras del texto inicial, me dí cuenta de la importancia de descubrir nuestro interior. Cuando empezamos a descubrirlo nos dirijimos al exterior de otra forma.

Lo que somos lucha por manifestarse hacia el exterior, el problema muchas veces es que el exterior es más grande y poderoso, entonces lo que somos se hace muy, muy pequeño.

Es un gran reto constante escuchar a ese pequeño interior, pero una vez le damos su espacio, nuestro interior crece y llega a manifestarse de tal forma hacia afuera que se convierte en esa palabra que algún día alguien pronunciará cuando hable sobre nosotros.

Sólo algo que está en nuestro interior tiene la fuerza necesaria para llegar al exterior y convertirse en una sola palabra que defina perfectamente lo que somos.

Os dejo este cuento que es un tesoro.

Un beso,

Olga Perona

Un leñador estaba en el bosque talando árboles para aprovechar su madera, aunque ésta no era de óptima calidad.

Entonces vino hacia él un anacoreta y le dijo:

- Buen hombre, sigue hacia dentro.

Al día siguiente, cuando el sol comenzaba a despejar la bruma matutina, el leñador se disponía para emprender la dura labor de la jornada. Recordó el consejo que el día anterior le había dado el anacoreta y decidió penetrar más en el bosque. Descubrió entonces un macizo de árboles espléndidos de madera de sándalo. Esta madera es la más valiosa de todas, destacando por su especial aroma.

Transcurrieron algunos días. El leñador volvió a recordar la sugerencia del anacoreta y determinó penetrar aún más en el bosque. Así pudo encontrar una mina de plata. Este fabuloso descubrimiento le hizo muy rico en pocos meses.

Pero el que fuera leñador seguía manteniendo muy vivas las palabras del anacoreta: “Sigue hacia dentro”, por lo que un día todavía se introdujo más en el bosque. Fue de este modo como halló ahora una mina de oro y se hizo un hombre excepcionalmente rico.

Maestro: “Sigue hacia dentro”, hacia tu interior hacia la fuente de tu Sabiduría. ¿Puede haber mayor riqueza que ésta?

101 cuentos clásicos de la India – Ramiro A. Calle

 

 

 

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