Llega un día en la vida en el que has de decidir cuál es el tren que quieres coger y, una vez has subido, no puedes pensar qué pasaría si hubieras cogido otro. Se debe de disfrutar al máximo y aprovechar todo lo que nos ofrece su interior. No podemos saber qué es lo hay dentro de otros trenes, aunque nos despertemos por la noche soñando que puede que sean mejores. En realidad la perfección sólo existe en nuestro interior, en lo que creemos nosotros que es perfecto. Cada camino nos llevará a un lugar diferente, pero serán nuestros pasos los que nos harán encontrar más o menos chispas de felicidad en cualquiera de los caminos que escojamos. Kilian Jornet, Correr o morir.
A este trocito de maravilla dentro de un fantástico libro tan solo añadiría un punto: siempre podemos cambiar de tren, siempre, a cualquier edad. A veces lo que está dentro de nuestro tren se desgasta o ya no nos parece que sea el camino adecuado que debemos seguir porque nos emociona justo el sentido contrario, o algo tan simple como que ya hemos aprendido todo lo que nos ofrece ese medio .
Lo que yo creo que es que continuamente estamos tomando decisiones, algunas de ellas con una edad temprana, otras más pensadas y muchas por obligación. Y no sé si será por la edad, por la curiosidad o por algún angelito que se cruza en nuestro camino con una linternita en la mano para enseñarnos que puede, y sólo puede, haya otro camino que aúne todo el conocimiento que tenemos y todo el que nos falta por tener. Pero a menudo nos paramos a pensar…¿y si cambio?
Francamente es sencillo, tan solo tenemos que recoger la maleta con la cual subimos al primer tren, en la que hemos recogido toda la experiencia acumulada y bajarnos en la próxima estación, donde un nuevo tren nos haga vibrar de forma tal que sea imposible borrar “esa” sonrisa de nuestra cara.
El mundo cambia, las personas cambian, el universo cambia, los trabajos cambian…¿por qué no habría de hacerlo nuestros proyectos? Pensadlo bien, tal y como dijo Einstein, las crisis son necesarias…hacen que nos espabilemos en perseguir nuestros sueños y cambiemos realmente las cosas para mejor. Y eso, sin lugar a dudas, nos hará felices y si lo somos, el éxito y la abundancia vendrá por sí sola.
Así que desde aquí y desde mi mundo en constante cambio, me gustaría hacer dos cosas: la primera de ellas agradecer inmensamente al Universo por la plenitud de mi vida; por contar con amigos tan fuera de lo común que llenan de amor y alegría todos los minutos del día; por tener la fortuna de poder cambiar de tren en innumerables ocasiones y no dejar de asombrarme de lo que veo en ellos; por tener la ocasión de que en esos trenes pueda participar de forma que mi experiencia y conocimiento ayuda a otros pasajeros. La segunda por tener la inmensa fortuna de haber elegido correctamente “el gran tren de mi vida” en el que encontré mi mayor apoyo, alguien a quien cada vez que miro hace que mil mariposas revoloteen en mi interior, aunque pueda volverle loco en ocasiones con tanto cambio de andén.
Dice Kilian en otro fragmento de su libro que a los 18 años tomas la decisión de cómo será tu vida: escoger carrera, escoger trabajo, un coche…
La decisión de si es esa clase de vida, una en la que todo está perfectamente estipulado y medido desde que te levantas hasta que te acuestas, tan solo es nuestra. Yo, como él, escogí una vida muy diferente.
Recordad, podéis cambiar de tren cuando queráis, la cuestión es que os sintáis extremadamente vivos…y plenos.
Diana Llapart
www.amth.es
www.reikibarcelona.org

Me hace gracia esto de la crisis. Todo el mundo habla de ella, se queja de ella, recuerda tiempos mejores en los que sí estaba ella –pero escondida, y así como no la veíamos pues no le hacíamos ni puñetero caso-, se habla de cómo otros pueden enfrentarse a ella, cómo los políticos tienen que enfrentarse a ella y un sinfín de situaciones más en las que siempre acaban incorporando la palabra ella (crisis para aquellos que no han caído a qué hace referencia el pronombre).
En los cursos de reiki que imparto hay una frase que es recurrente: todo es mucho más fácil de lo que parece. Los alumnos de primer nivel me contestan “¡es que para ti todo es fácil!” a lo que yo les replico “¡es que lo es!, lo verdaderamente complicado es ver lo sencillo que es todo”.
Debo de estar volviéndome obsoleta, porque mi sistema operativo comienza a fallar. Los registros que me instauraron de serie que venían definidos por unos valores estándar ya no funcionan como debieran dando como resultado una pasividad de todo lo que hasta ahora, el mundo había juzgado importante.
Una vez leí en algún lugar…“Dios nos libre de un tonto que se crea listo” 
A menudo digo a mis amigos y alumnos que uno de los grandes problemas hoy en día es que no sabemos lo que queremos, se nos ha olvidado soñar y hemos perdido la ilusión por conseguir nuestros deseos de cuando éramos niños. Podemos decir que hay mil factores que influyen, pero lo que es bien cierto es que es mucho más cómodo no pensar en qué queremos y echarle la culpa a las circunstancias o a cualquier desaprensivo que haya tenido la mala fortuna de cruzarse en nuestro camino.